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29 de julio de 2015

HIGIENE BUCAL DIARIA

Cuidado general de la salud bucal

La higiene es una de las principales formas de preservar nuestra salud. Dentro de la higiene diaria no debemos olvidar el cuidado de nuestra boca durante todas las etapas de la vida, ya que la falta de ésta podría acarrear múltiples enfermedades.

Alrededor de los seis meses, cuando aparecen los primeros dientes, es conveniente empezar a cuidarlos. Después de la toma del biberón o toma de alimentos, es conveniente el uso de una gasa húmeda para limpiar la boca del bebé, presentando especial atención también a las encías. Es recomendable visitar al odontopediatra para comprobar el desarrollo correcto de la dentición.

Es responsabilidad de los padres, junto con la orientación profesional del odontopediatra, crear unos buenos hábitos de higiene oral en los niños. Es importante seleccionar un cepillo dental adecuado con filamentos suaves para realizar una limpieza eficaz de los dientes y las encías. Así mismo, la selección de la pasta o gel dentífrico debe ir acompañado del consejo profesional. En la mayoría de los casos se recomienda el flúor (fortalecedor del esmalte dental), que debe ser administrado de manera responsable según la edad del niño. El uso de enjuagues bucales puede ser utilizado cuando el niño adquiere habilidades para escupir y no tragarse el líquido.

En la adolescencia, conforme va cambiando las dimensiones de la cavidad oral, es conveniente cambiar el cepillo de dientes y la pasta dentífrica infantil por productos para adultos. En la etapa adulta deben mantenerse de por vida los hábitos de higiene bucal adquiridos, junto con las revisiones periódicas del dentista. 

29 de junio de 2015

Evita la halitosis y mantén tu aliento fresco

El aliento, y concretamente el mal aliento o halitosis, es uno de los problemas que más preocupa a nivel social y tiene su origen tanto en una mala higiene bucal como en posibles patologías bucales o, en menor medida, de otras partes de nuestro cuerpo.
El mantener un aliento fresco y agradable es, pues, tanto un objetivo sanitario como un fin social. Existen varias estrategias para lograrlo, pero para ello hay que comprender el origen de un mal aliento.
Se estima que hasta un 25% de la población se ve afectada por halitosis, aunque hasta un 50% de todos nosotros sufriremos en algún momento de nuestra vida un problema derivado del mal aliento. El mal olor se produce por la descomposición bacteriana de los restos de alimentos que puedan quedar en dientes, encías y saliva. Esa descomposición produce sustancias volátiles como compuestos sulfurados y, especialmente desagradables, compuestos orgánicos como la putrescina y la cadaverina.
Las causas de un mal aliento o halitosis pueden ser tanto patológicas como no patológicas. Éstas últimas son las más comunes y fácilmente tratables. Así pues, para lograr un aliento fresco y agradable se recomienda:
  • Realizar una adecuada higiene bucal diaria, y en especial antes de irnos a dormir, pues durante la noche disminuye la producción de saliva y las bacterias pueden sobrecrecer en exceso. No olvidarse de cepillarse la lengua. Esta parte de la boca acumula una gran cantidad de bacterias y es, tradicionalmente, la gran olvidada de la higiene. Para realizarla de manera adecuada podemos ayudarnos de un limpiador lingual junto a un colutorio que, por medio de gargarismos, podamos alcanzar la parte posterior del dorso lingual donde se acumulan bacterias responsables del mal aliento.
  • Beber mucha agua, y favorece la producción de saliva, que es el agente de limpieza natural más potente para nuestra boca. El uso de chicles sin azúcar, de forma moderada, también favorece la producción de saliva.
  • Evitar hábitos nocivos como el tabaco. Está demostrado que fumar crea un aliento característico que puede perdurar en el tiempo
  • Evitar en lo posible la ingesta de alcohol y cuidar el consumo de ciertos alimentos como la cebolla o el ajo, puesto que ciertos metabolitos que portan los absorbe directamente nuestro cuerpo a nivel gastrointestinal, pasan al torrente sanguíneo, se metabolizan en el hígado y, finalmente, se expulsan por los pulmones y boca con un mal olor característico.
  • Cuidado con las dietas. Curiosamente, los periodos de ayuno, saltarse alguna comida del día o llevar dietas hipocalóricas pueden favorecer la aparición del mal aliento.
Si el mal aliento persiste puede existir alguna causa patológica, como enfermedad periodontal, caries, o incluso enfermedades digestivas o respiratorias. Por ello, se hace imprescindible una visita a nuestro dentista para que realice una completa revisión bucal y, así como nos ofrezca una solución y consejos.